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Cuando inicie mis actividades docentes nunca imaginé que podría existir cierta resistencia, por parte de algunos compañeros, al cambio yo creí, que por tratarse de una actividad donde la actualización y renovación de nuestras ideas esta actitud conformista no tenía cabida, y que las nuevas ideas podrían ser evaluadas para ser modificadas o adaptadas y así ajustarse al modelo educativo vigente.

Pero no, no sucedió así y varios años después entendí que este tipo de profesores se aferraban a un escepticismo organizado, fenómeno exlicado por Tony Becher en Tribus y territorios académicos:

Se transcribe Ad pedem litterae

Entre las paradojas que abundan en el mundo académico, una de las más curiosas es la coexistencia aparente de un elegante radicalismo con un conservadurismo atrincherado. Este conflicto entre la tradición y el cambio se consagra en el titulo del ensayo de Kuhn sobre el tema: La tensión esencial.

La  resistencia a las ideas nuevas es innata entre las comunidades académicas, como lo demuestra, claramente, el tiempo que lleva que se acepte, en forma general, una percepción o descubrimiento de capital importancia. Merton canoniza estos fenómenos bajo el rótulo de escepticismo organizado“.

Sin embargo pese a lo anterior creo que José Ingenieros lo llamaría de otra manera.

 

 

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