Las lagartijas no se hacen preguntas


Así se titula el más reciente libro del físico Leonard Mlodinow y en esencia el autor explica lo que hace al ser humano diferente al resto de los seres vivos, en especial con los demás animales.

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Hace millones de años, nuestros antepasados descendieron de los árboles y se pusieron de pie, liberaron sus manos para crear herramientas y sus mentes para sobrevivir . Todo ello fue posible gracias a la capacidad y el deseo de entenderse a sí mismos y al mundo en el que vivían. Los humanos somos la única especie que complementa el instinto con la razón, y lo que es más importante, nos hacemos preguntas sobre nuestro entorno.

El hecho está en que si las lagartijas (o cualquier otro animal no humano) hubiera tenido esa misma oportunidad, de hacerse preguntas en lugar de actuar meramente por instinto, viviriamos seguramente en un mundo completamente diferente.

 

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Las Leyes de Murphy y la Estupidez Humana


Con cierta frecuencia, me queda muy claro lo estúpido que soy  (o he sido). Y de este modo sí sé que no soy completamente estúpido.

Todos hemos recurrido alguna vez a una de tantas Leyes de Murphy, aunque poco sepamos quién haya sido ese tal Murphy, lo que si es un hecho es que esa lista de calamidades demuestra que tan grande puede ser nuestra estupidez y si de consuelo sirve, no toda la culpa es nuestra, muchas veces es debido a la estupidez ajena, pero sin importar cómo sea el común es la estupidez que creo no hace falta aclarar que me refiero a la humana pues dudo que otra especie animal lo sea como nosotros.

Ya hace algún tiempo escribí respecto a la Estupidez, retomando el libro de Paul Tabori Historia de la Estupidez Humana, pues bien ahora deseo agregar algunos aspectos o características de esta cualidad propia del ser humano, tomadas del libro El Poder de la Estupidez de Giancarlo Livraghi en el citado libro, se resaltan algunos de los aliados de la estupidez:

  • La burocracia
  • La ignorancia
    • A ésta se agregan sus muchos hermanos como la arrogancia, la presunción, el egotismos y egoísmos, la envidia, la despreocupación, el servilismo, la imitación, los prejuicios, etc.
  • El miedo
    • Por el aprendizaje, ya que para los estúpidos el aprendizaje es peligroso pues nos hace pensar y eso implica responsabilidad es mejor que los otros piensen por nosotros y nos digan que hacer.
  • Las costumbres
    • La costumbre debilita la curiosidad y rebaja los deseos de explorar, descubrir, aprender, mejorar y cambiar de punto de vista. Es lo que José Ingenieros llamó Rutinarios.
  • La prisa
  • La astucia
  • Los ídolos e íconos
  • El oscurantismo y la superstición

Leyes de Cipolla

Así mismo, Giancarlo incluye en su libro a las leyes de Carlos Cipolla quién estableció las Leyes Básicas de la Estupidez Humana, resumidas en los siguientes párrafos:

  1. Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.
  2. La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.
  3. Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.
  4. Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.
  5. La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe. Corolario: El estúpido es más peligroso que un malvado.

Las leyes 3 a 5 están basados en el Gráfico de Cipolla que Giancarlo ha denominado Gráfico Estupidológico

Cipolla

Tres Corolario

Para concluir esta estrada les dejo estos corolarios

  1. En cada uno de nosotros reside un factor de estupidez que es siempre mucho mayor de lo que creemos.
  2. Cuando la estupidez de una persona se combina con la estupidez ajena, el impacto crece de forma geométrica ; esto es, por la multiplicación no por la adición, de los factores de estupidez individual.
  3. Combinar la inteligencia de distintas personas es más difícil que combinar la estupidez.

Tengo curiosidad sobre la curiosidad


Los sistemas educativos de la actualidad, en su mayor medida, se niegan a reconocer la importancia de la curiosidad. Interesados en poco más que la eficiencia material y la ganancia económica, nuestras instituciones educativas ya no alientan el pensamiento por sí mismo y el libre ejercicio de la imaginación. Las escuelas y los colegios se han convertido en campos de entrenamiento para trabajadores especializados en lugar de foros de cuestionamiento y debate, y las academias y las universidades ya no son viveros para esos curiosos a los que Francis Bacon, en el siglo XVI, llamó “mercaderes de la luz”. Aprendemos a preguntar “¿cuánto costará?”, y “¿cuánto tardará?” en lugar de “¿por qué?”

El título de la entrada es como comienza Alberto Manguel el libro Curiosidad, una historia natural, en éste se aborda el estudio sobre esa característica innata de los animales ya que no es exclusiva del ser humano, aunque el trabajo está centrado en éste último. Al iniciar la lectura me recordó a Carl Sagan y un pasaje del libro Cosmos ya que también aborda el tema resaltando la importancia de seguir fomentando ese espíritu investigador, Carl culpa a los adultos de que niños y jóvenes dejen de cuestionar el mundo, quizá por eso los alumnos que llegan a las instituciones educativas son alumnos que aceptan todos sin preguntar ya que han aprendido que el hacerlo es malo, y lo reafirman cuando conocen profesores que no permiten volver desenpolvar esta cualidad animalística pero tampoco debemos culpar completamente al docente, él también fué educado así, su responsabilidad radica en que ejerciendo tan noble labor no reeducarse.

Pues bien, en este libro  Manguel aborda lo referente a la pregunta constante ¿por qué?, aquí les dejo el primer capítulo.

El Contrato Animal


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Hace algún tiempo, el 4 de octubre de 2013 para ser preciso, publiqué una nota que incluyó la reflexión de Desmond Morris sobre el Contrato Animal.

Tras varios años de buscar el libro antes citado, logre encontrarlo, un poco lejos y usado pero valió la pena, ya que está bien cuidado y he logrado satisfacer una inquietud.

Es un libro que les recomiendo leer (tras una buena persecución para encontrarlo) y de éste les dejo, lo que para Desmond es el contrato que debemos cumplir hacia los demás animales.

Ningún animal (o especie) debe:

  1. Ser revestido de cualidades imaginarias relativas al bien o al mal para satisfacer nuestras creencias supersticiosas o nuestros prejuicios religiosos.
  2. Ser degradado o dominado para diversión nuestra.
  3. Ser mantenido en cautividad salvo que sea posible proveerle de un adecuado entorno físico y social.
  4. Ser mantenido como compañero salvo que pueda adaptarse fácilmente al estilo de vida de su dueño humano.
  5. Ser conducida hasta la extinción por persecución directa o por el progresivo aumento de la población humana.
  6. Sufrir o ser sometido a esfuerzos desmesurados para proporcionarnos diversión.
  7. Padecer sufrimiento físico o mental con propósitos experimentales innecesarios.
  8. Ser mantenido en un entorno empobrecido para proporcionarnos alimentos u otros productos.
  9. Ser explotado a causa de su pelo, su piel, su marfil o cualquier otro producto de lujo.
  10. Ser obligado a realizar tareas pesadas que le provoquen estrés o dolor.

Referencia

 

Era sólo una perra


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Continuando con algunas lecturas de Arturo Pérez-Reverte y su libro Perros e Hijos de Perra, les dejo este fragmento:

Era sólo una perra. Una galga flaca y asustada, como las que ahorcan algunos cazadores cuando ya son viejas e inútiles, con tal de ahorrarse un cartucho. Cuatro días estuvo correteando por los túneles del Metro de Madrid sin encontrar la salida. La vieron conductores, vigilantes y viajeros. Fue grabada en video corriendo despavorida por las vías, de túnel en túnel, huyendo de los trenes que pasaban a toda velocidad. Cuatro días de oscuridad, aturdimiento, soledad y angustia. De miedo atroz. Anoche vi uno de esos videos en Internet y me levanté de la silla con una desolación y una mala leche insoportables. Por esto tecleo estas líneas, ahora. Para desahogar mi tristeza y mi frustración. Mi rabia. Para ciscarme por escrito en los responsables del Metro de Madrid y en la puta que los parió.

La galga abandonada fue vista un jueves vagando por los túneles. Corría aterrada por el estruendo de los trenes, esquivándolos en la oscuridad. Al comprobar que el personal del Metro no hacía nada para rescatarla, algunos viajeros avisaron a asociaciones de protección animal, que pidieron permiso para actuar. Ya ocurrió algo semejante en Barcelona, cuando para salvar a un perro perdido en el Metro se detuvo el servicio tres horas, en un rescate en el que participaron bomberos, guardias urbanos y empleados de la perrera municipal. En Madrid, sin embargo, los responsables del transporte subterráneo se negaron a intervenir. Sólo dieron largas: se ocupaban de ello, la galga se había llevado a una protectora de animales, ya no estaba en las vías, etcétera. Enrocada en su estúpida indiferencia, la empresa municipal rechazó todas las propuestas: jaulas trampa puestas en los huecos de los túneles o los andenes, unos minutos de parada de trenes para actuar con una escopeta de dardos narcóticos. Nada de nada. Nosotros nos ocupamos, repetían. Y punto.

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